A la memoria de Oscarito García.
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Oscar Garcia (a la derecha) |
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Pío Leyva |
Esta historia ocurrió en el año 2002. Eran los días finales del
año y por doquier se respiraba un ambiente de festividad. Como tantas veces,
un heterogéneo grupo de amigos, conocidos y pegados, disfrutábamos de las
noches de peña en el patio de Oscarito.

Oscarito era un excelente anfitrión. Siempre sonriente, atendía el
más mínimo detalle de la fiesta y su buen sentido del humor se manifestaba en
todo lo que decía. En una mano el vaso de whisky y en los labios, el perenne
cigarro.
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Raúl Rivero |
- Brindo, porque esta noche he logrado el sueño de mi vida: que en mi mesa compartan
conmigo, dos grandes amigos: el coronel René Hernández, jefe de la Policía de La Habana Vieja y Raúl Rivero, uno de los principales disidentes de este país.
Y efectivamente, a cada lado, estaban sus dos amigos irreconciliables. Todos brindamos y reímos con la ocurrencia, pero en verdad, tenía razón. Oscarito logró -mucho antes de morir- el sueño de su vida.
Y efectivamente, a cada lado, estaban sus dos amigos irreconciliables. Todos brindamos y reímos con la ocurrencia, pero en verdad, tenía razón. Oscarito logró -mucho antes de morir- el sueño de su vida.
¿Será que hace falta un Oscarito García para que todos los cubanos nos sentemos, algún día, a la misma mesa?
=== FIN ===
=== FIN ===
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